Remedios Naturales

LA VUELTA A LOS ANTIGUOS CAMINOS

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Con el advenimiento de la técnica y la creciente dependencia de los milagros de la medicina moderna, la mayoría hemos perdido el arte de cuidar de nosotros mismos. Nos hemos vuelto dependientes de los médicos y sus recetas o preparados comprados en la farmacia y con ello hemos dejado de entender nuestro cuerpo y su funcionamiento. En algún lugar del camino, hemos entregado a otros no sólo nuestra fe sino nuestra independencia. Cuando nos resfriamos, aparece un sarpullido o cuando nos duelen las articulaciones, vamos derechos al consultorio o telefoneamos para pedir hora de visita. El empleo de los preparados naturales y el número de personas que tratan dolencias menores en sus casas ha sido menor que nunca en las pasadas décadas, pero ahora estamos experimentando el renacimiento de las terapias naturales y los remedios domésticos, al comprender que la medicina convencional, con todas sus maravillas, no tiene la respuesta para todo.
Los ajetreados médicos occidentales tienen poco tiempo para diagnosticar. Su enfoque occidental de la patología y la anatomía se basa en la teoría de que todos somos iguales. Las individualidades, los modos de vida, emociones, espiritualidad y hasta los cuerpos físicos no son tenidos en cuenta en la mayoría de los tratamientos convencionales, pero ahora sabemos que es la compleja combinación de todo eso lo que nos enferma o sana. Por tanto el tratamiento necesita ampliar su visión.
En el pasado, muchos de nosotros disponíamos de los conocimientos y los medios para tratarnos a nosotros mismos con los alimentos de la despensa y las plantas del huerto o de los campos. Podía haber un curandero al que avisar en los momentos de urgencia, pero para las dolencias cotidianas y comunes, el tratamiento se emprendía en casa.
Aunque nuestra comprensión de la bioquímica no puede igualar a la del médico moderno, nuestro conocimiento sobre cómo las plantas y varias sustancias actúan en nuestros cuerpos y cómo éstos responden en varias situaciones y a diferentes tratamientos era mucho más profundo. Las mujeres trataban instintivamente a sus hijos y a su familia, quizá reconociendo en el mal genio el origen de la enfermedad, según un conocimiento más general de nuestro ser integral.
Hoy, la mayoría de los medicamentos del mercado tienden a tratar los síntomas en vez de las causas de las enfermedades. Los estados y los síntomas como asma, eczema, encefalomielitis miálgica, dolores de cabeza y problemas menstruales, son controlados más que curados. Tomamos una pastilla para aliviar el dolor de cabeza, pero no nos detenemos a pensar por qué lo tenemos. Aplicamos cremas para detener el picor de un eczema pero no hacemos nada para buscar la causa. En el pasado era mucho mayor nuestra comprensión general de las causas y efectos de la enfermedad, y enfocábamos el tratamiento de forma mucho más instintiva. La medicina popular y los remedios domésticos mantenían sana a la mayoría de las personas, y hoy cada vez más gente vuelve a esa tradición.